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No hay nada más lindo que la familia unida

¿Escuchaste frases como «la familia no se elige» o «los amigos son la familia que uno elige»? Seguramente hay más citas como esas, pero yo te quiero invitar a que pensemos un poco más allá de nuestra familia de sangre. Mamá, papá, tíos, tías, hermanos, hermanas, primos… esa es la familia que Dios eligió para nosotros, claramente no pudimos decir «quiero tener de papá a fulanito y de hermana a menganita» (perdón «fulanito» y «menganito», pero son ejemplos de mucho, ja).

Dios sí lo hizo por nosotros y sabe por qué y para qué de la familia en la que nacimos y somos parte. Cada uno tiene su propósito donde Dios lo puso y nos toca a nosotros como sus hijos demostrar amor por ellos, aunque tengan todos esos defectos que estás pensando. No digo que sea fácil, estoy segura que hay familias más fáciles de querer que otras, mucho pasado por sanar, problemas por resolver, competencias, enemistad, en fin… nadie dice que es fácil, pero nada que Dios no pueda resolver si lo ponemos en oración.

Hoy quiero hablarte de otra familia, una familia que no se trata de vínculos de sangre, sino de propósito eternos: la iglesia. La iglesia de Dios. Me refiero a todos los hijos de Dios del mundo. Suena muy amplio, pero es lo que somos: familia. Porque tenemos un mismo padre: Dios.

Quizás a una parte de tu familia de sangre no la vas a ver en el Cielo porque son vínculos terrenales, pero a quien está sentado al lado tuyo en la iglesia, a tu pastor, a tu líder, a quien te abre la puerta del templo, a quien prepara los desayunos de la iglesia… sí los vas a ver para siempre (claro que solo Dios conoce los corazones y Él es quien decide).

¿Alguna vez viste o escuchaste a una persona que está a punto de morir como último deseo pedir sus trofeos, sus diplomas o sus medallas? Yo no. Una persona que está grave no quiere estar rodeada de objetos, quiere no estar sola, quiere estar rodeada de seres queridos, amigos, familia.

La iglesia donde te congregas, la iglesia donde eres parte es tu familia espiritual. Cuenta con ellos y también sé familia con ellos. Muéstrate como familia. Todos tenemos problemas, todos necesitamos una mano, un abrazo, una pregunta cómo: «¿Cómo te puedo ayudar?», un «estoy orando por ti»; aunque algunos lo demuestren más que otros, todos necesitamos amor… el amor de Dios.

Desafío

Siembra, cuida, alimenta, ora, preocúpate, dedícale tiempo. AMA a tu familia en la fe. Que tu congregación, tu grupo, tus líderes, tus amigos de la igle puedan ser una prioridad en tu día a día, no solo los fines de semana cuando hay reunión.

Y con respecto a la familia de sangre: ámalos, dale valor, hay mucha gente ahí afuera que le encantaría no estar tan sola. Después de todo, son pecadores igual que tú y yo. Y si hay mucho por sanar todavía o «no hay caso, no tiene solución»… ora, cuéntaselo a Dios y descansa en Su poder. NO HAY NADA IMPOSIBLE PARA ÉL.

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