Tengo un amigo llamado Juan, el cual estudia Ingeniería en Sistemas, pero aparte de eso, arregla computadoras, entre otras cosas. Un día conversando con él, me contó que tenía una CPU a la que le decía «la Frankenstein». «Pero, ¿por qué?», le pregunté.
«Es que en su interior tiene el rejunte de muchas piezas que me quedaron de cuando renové mi computadora actual. A esa CPU le compré componentes nuevos, no porque los anteriores no servían, sino porque la quise mejorar. Y todo lo que me quedó de esa, se lo puse a la Frankenstein», me respondió, haciendo ademanes con las manos como si la máquina estuviera ahí mismo.
«Y la Frankenstein, ¿funciona bien?», era la pregunta que me había quedado ya que, al fin y al cabo, estaba compuesta de piezas ya usadas. «Que funciona, funciona. Pero no es algo que ande 0 KM, y no sé si tenga una vida larga útil, pero lo que es seguro es que no soporta tanto como lo soportaría una CPU verdaderamente renovada», dijo mientras volvía a lo que estaba haciendo.


A veces nos encontramos en situaciones donde nos sentimos estancados y sabemos que necesitamos algo para reactivarnos, a lo que usualmente el humano recurre a volver a viejas conductas, placeres, y hasta volver a transitar victorias pasadas por el simple hecho de lograr sentirse mejor, tanto espiritual como anímicamente. Y no digo que no se logre ese resultado, pero no «todo lo que brilla es oro» y aunque lo veamos en el momento como algo placentero, no durará mucho. Ya de por sí, la decisión de querer renovarnos nosotros mismos mediante una especie de «autoayuda», nos encasilla en la idea humanista de que el ser humano se puede salvar por sí solo y no necesita de otra cosa. Cuando en realidad, lo que nos renueva es algo más profundo que eso.
Tito 3:4-6 dice: «Pero, cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador».
La renovación del espíritu que Dios nos da mediante Jesucristo, es una renovación completa que da frutos, ya que cuando uno toma la decisión de seguir a Jesús, no solo cambia el interior, sino que también cambia el cómo uno se proyecta hacia los demás, las actitudes, etc.
Con el pasar de los años, he visto que hay personas que aun aceptando a Cristo, pueden estar bien los primeros meses o algunos años, pero luego decaen y vuelven a los viejos placeres porque ahí se sienten cómodos y piensan que si siguen en donde están, van a estar bien, ya que al haber vivido alguna que otra situación difícil, van obteniendo cierta experiencia y no tienen problema con seguir lidiando con lo mismo debido al acostumbramiento. El problema es cuando uno se vuelve ciclotímico en muchas áreas y se establece en ese territorio.
«Si de veras se les habló y enseñó de Jesús según la verdad que está en él. Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.» – Efesios 4:21-24 NVI


«¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso no te has enterado? El Señor es el Dios eterno, creador de los confines de la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es insondable. Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil. Aun los jóvenes se cansan, se fatigan, y los muchachos tropiezan y caen; pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.» – Isaías 40:28-31.
Uno puede tener la edad que tenga y sentirse fatigado o enérgico, y no me refiero solo con energía física por tener cierto estado que se lo permite, si no energía en el espíritu, estar animado en las emociones e interiormente. Mucha de las veces en las que me doy cuenta cuando una persona está renovada y con energía, es cuando se decide a seguir transitando con fe en medio o después de un problema. Muchos cristianos abandonan a mitad de camino porque no hicieron algo muy importante: pedirle a Dios esa renovación que necesitaban y seguir esperando en Él la victoria.
En resumen, no nos llenemos de cosas vanas y temporales, confiemos en Dios y Él nos dará la renovación necesaria para transformarnos por completo. Que el Padre no nos encuentre siendo unos Frankensteins espirituales, sino una generación renovada y entendida.
«Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día.» – 2° Corintios 4:16.


Redacción en Reactivoz | Estudiante de medicina | Fan de Marvel.


















