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¿A qué se refería Jesús cuando dijo: «sean como niños»?

Estoy segura que alguna vez estuviste con niños: hijos, sobrinos, hermanos, hijos de amigos, primos, etc. Dios nos enseña en la Biblia que hay que ser «como niños», pero ¿por qué será? A continuación, te cuento algunas de las virtudes que encontré en los niños que son dignas de admirar e imitar: 

  • Piden perdón. Los niños saben que, si hicieron algo que no está bien, aunque a veces cuesta, piden disculpas y vuelven a jugar junto con el otro. Difícil de aplicar, ¿no?
  • No son orgullosos. Los niños tienen la hermosa capacidad de pelear y reconciliarse en cuestión de minutos. ¿Cuántos vínculos cambiarían en nuestra vida si pudiéramos darles otra oportunidad a algunas personas?
  • Piden ayuda. Si necesitan algo y no pueden solucionarlo por sus propios medios saben que hay un adulto con quien contar. Y suelen ser muy insistentes cuando quieren algo. ¿Cómo sería nuestra vida si cada vez que necesitáramos algo acudimos a Dios insistentemente y confiamos en que Él lo resolverá?
  • Viven el presente. No tienen preocupaciones futuras, no tienen miedo de lo que traerá el mañana, simplemente viven y disfrutan el hoy. Que lindo sería un día sin preocupaciones ni ansiedad, ¿no?
  • Creen. Si un adulto les dice algo, le creen. Y aunque muchas veces quieren saber los motivos (la típica edad de los «por qué»,) creen lo que el adulto les explica. ¿Le creemos a Dios cuando leemos la Biblia?
  • Son genuinos, espontáneos y sencillos. No piensan en cómo deben comportarse. Simplemente son así. No hay apariencias. No se complican con prejuicios o imposiciones de como deberían ser. Para imitar.
  • Tienen una enorme capacidad de asombro: Ven con admiración cada detalle de la naturaleza, les apasiona la lluvia, los insectos, las plantas, etc. Algunas cosas que parecen sencillas y cotidianas para nosotros, ¡a ellos les apasiona! ¿Hace cuánto no te asombras por algo que Dios nos da día a día?
  • Son curiosos. Les gusta conocer, saber, preguntar, experimentar. ¡Qué divertido seria salir un poco de nuestra zona de confort y poder conocer más de lo que conocemos y animarnos a experimentar!

Es cierto que los niños aún están en formación y aprendizaje. También es cierto que cuando uno va creciendo y conociendo el mundo en el que vivimos, todo cambia: sentimientos, realidades, contextos, vínculos y nos vamos transformando en quienes somos. Pero frente a todo eso, no nos olvidemos que Jesús nos animó a ser como niños y lo puso como requisito para entrar al reino de los cielos, así que… ¡a ser como niños! 

«Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «Yo les aseguro a ustedes que, si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.» (Mateo 18:3-5).

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