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¡Ayúdenme! Soy hija de pastor

Atención: Lo que vas a leer a continuación es mi experiencia personal, no es mi intención generalizar.

Los hijos de pastores tenemos mucha fama… para bien y para mal. Seguro sabes o conoces algún meme divertido de nosotros, un chiste, una frase o nos conoces a nosotros… esta raza que no por opción parece que somos los «privilegiados» de algunas cosas y los «culpables» de muchas otras. Te voy a contar algunas cosas que quizás no conoces de este pequeño grupo de hijos que sí, son privilegiados, aunque no siempre lo ven así y que no siempre saben manejarlo.

Una de las mejores cosas que me pasaron fue nacer en esta familia, con un papá pastor, y eso no lo entendí hasta hace unos años. En mi adolescencia pesó demasiado ser » la hija de…», pasamos por algunas iglesias y de lugares para vivir también. Papá tenía muchas reuniones y mucho peso sobre sus hombros aparte de la familia. ¿Mamá? El complemento perfecto, sin lugar a dudas. Pero yo era muy pequeña para entenderlo aún. Papá hacía malabares para estar presente siempre con nosotros, y nosotros teníamos que ser de «ejemplo» en todo. Tarea difícil si las hay.

Sé que es fácil hablar desde afuera cuando no se ven todas las cosas que pasan puertas para adentro en cualquier familia. Opinar es muy fácil y enseñarle al otro como tendría que hacer su trabajo, también.  Lo cierto es que cuando tu jefe es el mismísimo Dios, que te confía su iglesia, sus ovejas, su congregación para que la organices, la alientes, la consueles, y los guíes hacia Él… las cosas no son tan fáciles. Porque más allá del trabajo humano (que puede estar bien o mal, con errores y aciertos) lo espiritual juega el papel fundamental. Y ni hablar de las presiones, tentaciones y pruebas que nos envía el enemigo. Hay muchos hijos de pastores lejos de Dios por heridas profundas de ser «el hijo de…».

Tu pastor es tu servidor, no es más ni menos que tú. Tiene una mayor responsabilidad, así que en la medida que puedas, aliéntalo, valóralo, cuídalo, ora por él, porque créeme que el diablo no lo deja en paz, y su familia también suele ser su blanco fácil.

No vengo en defensa del Sindicato de los Hijos de Pastor (creo que eso no existe), solo quiero que pensemos juntos y reflexionemos algo que yo aprendí desde adentro: tanto el pastor como su familia luchan con muchas presiones sociales y espirituales. Por ejemplo, si nos ves en muchos ministerios quizás no es que queramos hacernos notar, sino que estamos dispuestos a trabajar para el Señor en lo que se necesite y a apoyar a nuestro padre terrenal en su servicio.

Nuestros pastores son personas, son humanos, se equivocan, son juzgados, se cansan, los lastiman, pueden decepcionar, dudar, no saben qué hacer, lloran, se sienten solos, etc. ¿Hay pastores que distorsionan, mienten y hacen las cosas mal bajo la mirada de Dios? Claro que sí. Como en todo trabajo, hay quien se compromete e intenta hacer las cosas bien y hay quienes hacen las cosas mal por elección. Pero te repito, su jefe es Dios, y créeme que Él es quien sabe todo y va a juzgar todo. Todos lidiamos batallas que no conocemos.

¿Me haces un favor? Cuando termines de leer esto, mándale un mensaje a tu pastor, a su esposa, a la familia, a quien quieras o sientas y apóyalos. Mándale un versículo, algo que los anime y no nos olvidemos de orar los unos por los otros. Si a ti te pasa algo, estoy segura que tu pastor estará ahí para ti. Muchas veces los pastores no tienen quien esté ahí para ellos.

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