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Camila y la parábola del triatlón

Camila era una atleta nata, conocida por no rendirse nunca y no mostrar debilidad. Hace un tiempo atrás había sufrido una fractura en su pierna que la había dejado en cama durante meses y de a poco, con la rehabilitación, llegó a caminar y estabilizarse. Luego de 6 meses creyó que era buena idea demostrarse a sí misma y los demás que volvió mejor y más fuerte. ¿Cómo? Anotándose a un triatlón. A pesar de que su entrenador le dijo que no iba a aguantar semejante competición, ella decidió hacerlo igual.

Llegada la fecha, Camila se determinó a nunca detenerse, pero eso sólo desató más problemas. En la primera instancia, ciclismo, iba cual rayo intentando pasar a los otros competidores. Todo iba bien hasta que empezó a sentir la molestia en su pierna derecha, pero lejos de preocuparse, siguió su camino. En la segunda, nado, sabía que no tenía que preocuparse por si alguien iba delante de ella, porque como tenía unas extremidades extensas le era fácil llevar la delantera. Como era de esperarse, al llegar casi al final sintió una puntada que parecía que su pierna estaba en llamas, pero no se podía detener ya que no era una opción. Al llegar a la última instancia dio todo de su fuerza para llegar a la meta, pero a mitad de camino toda ilusión se derrumbó, su pierna no resistió más y eso llevó a que Camila terminara en el suelo con una lesión y obviamente fuera de la carrera.

Analizando el anterior relato, podemos identificar a dos personajes con características que no nos parecerán muy fuera de la realidad. Camila, es autosuficiente, orgullosa y carece de paciencia. Por otro lado, su entrenador tuvo el rol de protegerla y advertirle, y no dudo que después de esa carrera hubo exhortación.

Pero, ¿cuál fue el principal error de Camila? ¿No rendirse nunca? No. El principal error de ella fue no mostrar debilidad haciendo notar el nivel de orgullo que tenía. Porque ser insistente no es malo, pero cuando esa cualidad se combina con un carácter orgulloso las cosas no tienden a salir bien.

La Biblia habla del orgullo, obstinación y terquedad en muchos pasajes, pero vamos a centrarnos en este: «Sin embargo, ustedes se sintieron muy valientes y no hicieron caso de la orden de Dios. Subieron a las montañas para pelear contra los amorreos, pero ellos les hicieron frente y los derrotaron. ¡Como si fueran avispas, los persiguieron por todo Seír y hasta Hormá! Luego, al regresar, ustedes lloraron y se quejaron ante Dios, pero él no les hizo caso, y ustedes tuvieron que quedarse a vivir en Cadés por mucho tiempo más». (Deuteronomio 1:43-46).

Cuando habla de «se sintieron muy valientes» habla del impulso de autosuficiencia. Es como decir «Yo puedo hacerlo porque soy fuerte» o el famoso «Yo lo sé porque soy más inteligente». Pero a veces también está el «Lo hago porque quiero que crean que me la aguanto o que puedo con esto». Yo sinceramente me identifico con esta última. El orgullo no viene solo de la vanidad, sino también del bajo autoestima. Del creer que para que los demás tengan un buen concepto de uno, soportar dificultades y no derramar una lágrima sea un logro y demuestre fortaleza, cuando en realidad uno por dentro está roto y necesita aprobación de los demás. Y no es algo que se logra de un día para el otro, ya que esta forma de conducta se crea a lo largo del tiempo, sea desde vivencias en la infancia y/o conceptos mal aprendidos.

El segundo error de Camila va de la mano con el primero: La paciencia. Pero en este caso, ¿Qué tiene que ver la paciencia con el orgullo? Cuando el entrenador le dijo que no, no era una pequeña sugerencia dicha por un amigo, era una orden de su maestro.

A veces, por creer que tenemos mejor criterio que el de los demás, manejamos el tiempo como nosotros queremos y ligamos todos nuestros planes a eso, hasta los planes de Dios. Si Dios dijo que yo tengo que ser pastor/a, bien, pero que sea después del posgrado universitario porque si no, no lo hago. Si Dios me dijo que tengo que armar tal proyecto y dedicarme a tiempo completo, lo voy a hacer cuando tenga el momento adecuado y las ganas, o sea una vez por semana, o dos, si es que estoy inspirado/a.

También está el caso de la gente ansiosa o cansada que quiere todo YA, porque «si no sucede todo urgente como uno quiere, el fracaso sería inminente» (como es en el caso de Camila). Por ejemplo, Moisés (en Números 20) donde el pueblo le pedía casi a gritos que querían tomar agua, y aunque Dios le dio la orden de que le hablara a la piedra y esta obedecería, Moisés la golpeó demostrando su hartazgo. Y ya sabemos cómo terminó eso: perdieron la entrada a la tierra prometida.

En otras ocasiones pensamos que porque tenemos talentos o virtudes que otros no, los problemas los enfrentamos fácil, como diría a frase: «Esto es pan comido». Camila pensó lo mismo. Al tener unas largas y entrenadas extremidades no le iba a ser muy difícil pasar la prueba de nado. Pero el enemigo siempre ataca donde no tenemos cuidado y no sanamos, en el caso de Cami sería su pierna.

Es importante tener en cuenta que cuando de pecado y necedad se habla, si este se desencadena no para hasta que se le pone un freno. Tenemos que orar y pedirle a Dios que nos haga ver nuestra condición. Dejar de mirarnos y de prestar atención al concepto que creemos que los demás tienen de nosotros, para mirarlo directamente a Él. Y si tenemos que pasar por la exhortación, hacerlo igual. Dios exhorta porque ama y porque quiere que cumplamos Su propósito.

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