«Cero pantallas» es la nueva frase de cabecera de algunas familias que no exponen a sus hijos a celulares, ni a la televisión, ni laptops, ni ningún aparato tecnológico que tenga pantalla. Avalado por pediatras que recomiendan no hacerlo hasta mínimo los dos años de edad, ya que tiene efectos adversos en niños pequeños.
Si bien no soy una especialista en el tema, mi hijo de 5 años tiene habilitado el uso del celular en un horario pautado y con un límite de tiempo por día, que consideramos como padres que es lo prudencial. Lo mismo con las aplicaciones o juegos que mira, donde intentamos que todo sea supervisado por nosotros.
Hace unos días, mi hijo me preguntó si podíamos regalarle un celular para él solo, ya que yo le presto el mío. Él considera que para su edad ya puede tener su propio celular. Nuestra respuesta como padres fue: «No, hasta que seas más grande», y claramente no le gustó. Le dimos un montón de explicaciones: desde el cuidado que conlleva tener un celular hasta los peligros del mismo. Nada lo conformó, pero entre tanta explicación, le dije: «Creo que es demasiado pronto para entenderlo».
Y en esa frase me quedé pensando, porque estoy segura que Dios muchas veces nos dice a nuestras peticiones «Aún es demasiado pronto para entenderlo», y nos enojamos porque no es la respuesta que esperamos.
¿En alguna ocasión entendiste algún proceso o prueba que sucedió en tu vida mucho tiempo después? Quizás, en ese momento, no tenías la madurez necesaria o las herramientas necesarias para entenderlo. Hay cosas que solo las sabe Dios. Nuestro trabajo es aceptar y confiar en las decisiones que toma Él para nuestras vidas. A veces, nos da explicaciones, pero, a veces, solo hay silencio.
Si Dios decide conceder nuestra petición, no olvidemos ser agradecidos y, sino, reconocer que quizás aún es demasiado pronto para entenderlo, pero que en algún momento tendremos los motivos de esa respuesta.
Si estás en un momento de tu vida en el que sentís que no entiendes bien qué está sucediendo, quizás es demasiado pronto para entenderlo, pero confía en Dios. Nunca olvidemos que Él es fiel, es sabio y sabe TODO, ¡incluso lo que está por venir! Sabe el por qué de su respuesta, por qué SÍ, por qué NO, o por qué todavía no es el momento.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















