Ansiedad es maximizar el futuro como algo negativo. No siempre se aloja en la mente como un pensamiento desenfrenado lleno de preocupación o temor, sino que va más allá y trasciende afectando nuestro cuerpo físico, la manera en que nos relacionamos con los demás y la perspectiva de cómo vemos el mundo que nos rodea.
Pensemos algunos sinónimos de ansiedad: intranquilidad, inquietud, angustia, temor, preocupación, miedo intenso, estrés desmedido, entre otros.
Muchas veces este trastorno se trata con terapias o médicamente. Pero para los hijos de Dios existe la alternativa más importante y valiosa, la que nos ofrece la Palabra de Dios. Y es que podemos darle batalla a la ansiedad desde el plano espiritual. Uno de los pasajes bíblicos más destacables se encuentra en Filipenses 4:6-7:
«No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús».
Este versículo es claro, si estos sentimientos comienzan a instalarse en nuestra vida debemos orar y pedirle a Dios lo que estamos necesitando. Es parte de nuestra naturaleza humana el querer tener todo bajo control, me refiero a querer saber cómo van cada una de las piezas del rompecabezas de la vida y si hay algo que no sabemos nos llenamos de dudas o miedos. Pero hay salida. Parte de la libertad consiste en reconocer que no podemos tener el control de todo lo que sucede en nuestra vida. Hay cosas que se nos van a escapar de las manos. Hay cosas que solo Dios sabe, ve y conoce. Y solo Él puede intervenir. Él es omnisciente. Nosotros no lo somos.
Pero hay algo en lo que sí tenemos el control y es en tomar la decisión de ya no vivir presos y esclavos de estos pensamientos y sentimientos. Decisión diaria que a veces puede ser muy fácil y otras tornase realmente una batalla. Aunque es difícil se puede, porque no estamos solos. Afianzar nuestra relación diaria con Dios nos dará confianza, fortaleza y seguridad para dar pasos firmes que nos lleven a la paz y el cambio que estamos anhelando.
Nuestra oración debe ser: «¡Padre, hasta aquí es lo que depende de mí, pero hay otra parte en la que yo solo dependo de ti! Tú estás en mi presente y en mi futuro, contigo puedo vencer toda preocupación».
Autora: Ruth Castro
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