Si tuvieras que describirlo con temperatura, cómo dirías que está tu amor ¿Está cálido, tibio o frío? O peor aún, ¿está congelado?
Si nos tomáramos 5 minutos para hablar con cualquier anciano que tengamos cercano a nosotros, lo primero que nos mencionaría con mucha insistencia es que las cosas de antes eran mejor que la cosas de ahora. El fútbol era mejor antes, los automóviles eran mejores antes, las amistades eran mejores, y también el amor.
Muchos dicen que ya no existen los amigos verdaderos, o el amor para toda la vida, que la gente ya no tiene bondad como en décadas pasadas. La maldad en el ser humano va en aumento, en eso todos coincidimos, pero… ¿y el amor? El amor en todas sus formas o expresiones, ¿aumenta o está en decadencia?
Si observamos en Mateo 24:12: «Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará». Es una ecuación muy simple y sencilla: +Maldad = -amor. Cuanto más aumenta la maldad, menos amamos, y lo poco que amamos se enfría hasta que se hace hielo.
Pero, ¿qué tal si sacamos ése amor congelado, y lo descongelamos? Te aseguro que la ecuación sería al revés. Es tiempo de descongelar el amor, en todas sus experiencias, una caricia a nuestra mascota, una charla larga con nuestros padres o abuelos, un café con un amigo, un tierno detalle para nuestra pareja.
Te pregunto nuevamente: ¿Cómo está tu amor? ¿Cálido o frío? ¿Y tu amor hacia Dios? ¿Qué tal si lo sacamos de la nevera? Descongelemos nuestro amor.
Escrito por. Caleb Seymour
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