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El Dios de los detalles: una cena, una servilleta y una actitud

Dios detalles

El Evangelio de San Juan 20:7 nos dice que luego de su muerte, a Jesús le fue colocado un sudario en su rostro, pero cuando resucitó este sudario no solo estaba a un lado -aparte de las vendas- sino que estaba doblado. La Biblia dedica un versículo entero para decirnos que el sudario fue bien doblado y que se colocó en un lugar aparte.

¿Por qué es importante el sudario doblado? Según la tradición hebrea, la servilleta doblada sobre la mesa tenía un significado muy particular. Una tradición judía sobre el maestro y el siervo que todos, incluidos los niños judíos, conocían. Cuando el siervo ponía la mesa para la cena del maestro, se aseguraba de ponerla exactamente de la manera en que al maestro le gustaba. La mesa debía estar decorada a la perfección. Luego el criado tenía que esperar fuera de la vista de los comensales, hasta que el maestro hubiera terminado de comer. El siervo no se atrevía a acercarse a la mesa, hasta que el maestro hubiese concluido.

Si el maestro había terminado de comer, se levantaba de la mesa, se limpiaba los dedos, la boca y la barba, y haciendo un nudo con la servilleta, la lanzaba sobre la mesa. El siervo entendía entonces que era el momento para limpiarla. La costumbre de aquella época era que la servilleta anudada significaba «ya he terminado».

Pero si el maestro se levantaba de la mesa, doblaba la servilleta y la ponía junto a su plato, el siervo entendía que no debía acercarse a la mesa porque la servilleta doblada significaba «no he terminado, volveré».

Pensemos juntos… ¡Jesús había muerto! Lo habían matado. Sus seguidores no entendían nada, estaban desesperados, asustados, angustiados. Pero él resucita, y no solo sale a contárselo a todo el mundo y mostrarles el milagro ansiosamente, sino que se dedica a doblar la ropa. Había terminado su misión en la tierra. Había hecho el sacrificio más grande de toda la humanidad. Había salvado al mundo. Y se detuvo a doblar su ropa. Dedicó tiempo a ese detalle porque ese detalle tenía un mensaje.

Dios está en los detalles, en eso que quizás para nosotros es «perder el tiempo» o que muchas veces nos resulta pequeño o insignificante, para Dios no es así. Dios le da valor. Ese detalle que quizás tú o algunos otros no valoran ni ven, Dios sí lo ve y le dedica su tiempo.

Dios nos da los más maravillosos amaneceres, y sin embargo pocas son las personas que aprecian cada segundo de la salida del sol, cada color, cada tono, cada pequeño detalle. Y todos los días lo vuelve a hacer. Cuando Dios hace las cosas las hace detalladamente perfectas. No deja hilos sueltos, no minimiza nada. Él está en todo: en cada color de las flores, en cada diseño, en cada detalle del cuerpo humano, en el mas mínimo, en un pelo de la cabeza, en una arruga, en una huella digital, en una pupila del ojo, en la uña de un pie, en un latido del corazón.

Jesús nos contó sus planes aun en el detalle de su ropa cuando resucitó. Él va a regresar.

No tengas miedo de hablar con Dios y contarle tus cosas, con detalles; él conoce tus pedidos, tus tiempos, tus anhelos, tus miedos, entiende tus suspiros. Él sabe todo y por eso te animo a que CONFÍES EN ÉL. Él te creo detalladamente, con ese lunar y ese don que quizás ni sabes que tienes. A Dios no se le escapa nada.

Deseo de todo corazón que puedas abrir tus ojos, tu corazón y -además de pedirle cosas a Papá- puedas verlo en cada detalle de tu día, de tu trabajo, de tu familia, de toda tu vida.

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