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El espejo que refleja lo que somos

Seguramente, en algún momento de este día nos hemos detenido para vernos en un espejo. Esto es algo que hacemos de forma muy natural porque ya es parte de nuestra rutina. Es lo primero que hacemos por las mañanas o antes de salir de nuestro hogar. El espejo nos da información de cómo nos vemos físicamente y nosotros tomamos esa información para acomodar todo lo que esté fuera de lugar.

El espejo nos devuelve una imagen superficial de nosotros mismos. Todos tenemos un espejo en donde nos miramos. Así como el objeto llamado espejo tiene esta utilidad, hay otro espejo mucho más importante que refleja nuestra vida interior y nuestra verdadera identidad. La Palabra de Dios es el espejo en donde nos debemos mirar y examinar cada día de nuestras vidas, ella refleja lo que hay en nuestro corazón y en nuestro interior y tiene el poder extraordinario de vernos cómo realmente somos. Expone lo bueno y lo malo. Nos corrige e instruye para elevarnos a un nivel más excelente y somos transformados para parecernos más al Señor (2° Corintios 3:18). Si somos hijos de Dios y lo amamos, no podemos evitar los encuentros con el espejo del alma y el espíritu.

«Pues la palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos. No hay nada en toda la creación que esté oculto a Dios. Todo está desnudo y expuesto ante sus ojos; y es a él a quien rendimos cuentas» (Hebreos 4: 12-13, NTV).

La Palabra ve lo más profundo de nosotros y nos devuelve un reflejo para que podamos identificar si lo que estamos haciendo o pensando se alinea con los principios que nos dejó el Señor Jesús. Después de todo, nuestro existir es para Él, para su gloria y su honra.

Sucede algo muy particular con el espejo natural y es que si nos apartamos del él por un momento nos olvidamos de lo que hemos visto. Con la Palabra ocurre de igual manera, si nos alejamos, si no acudimos a ella para vernos en forma regular comenzamos a olvidar quienes somos, lo que podemos y lo tenemos en Cristo. Nuestra identidad se distorsiona y somos presa fácil ante cualquier circunstancia que llegue para desestabilizarnos. Entonces, amemos más la Palabra de Dios, permanezcamos en ella con fe y recordémosla en todo momento. Permitamos que sea nuestro espejo donde recurramos asiduamente para corregir nuestra vida y ordenar todo lo que este desordenado, y así afirmar nuestra identidad y el valor que nos otorgó el Señor.

Algunos puntos útiles al leer la Biblia:

  1. Orar citando la Palabra de Dios. Si está escrito es para nosotros.
  2. Meditarla en todo momento, traerla a memoria una y otra vez.
  3. Subrayar y tomar notas de cada promesa.
  4. Confesarla en voz alta.

La Palabra de Dios es la sabiduría de Dios, es Él mismo hablándonos y está disponible para todo aquel que quiera acudir a ella en busca de una vida de santidad.

Autora: Ruth Castro

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