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El pasado… ¿pisado?

¿Te persigue el pasado? Yo encontré una forma de desactivar las heridas de mi pasado y te vengo a contar cómo.

Todos tenemos un pasado. Puede ser bonito o feo. Puede darnos orgullo o puede angustiarnos. A veces nos gusta contarlo, y a veces preferimos ocultarlo y que quede ahí, enterrado. Lo cierto es que el pasado muchas veces duele. Algunos tenemos heridas que aún no hemos podido sanar, personas que no podemos olvidar ni perdonar. Situaciones difíciles de superar. Equivocaciones que llevaron a lastimarnos a nosotros mismos o a otros, y después cargar con esa «culpa».

En muchas situaciones de mi vida intenté pensar qué haría Jesús si estuviera en mi lugar. Frente a decisiones que tuve que tomar pensaba en esa pregunta y encontré un método que funciona… resignificar. Jesús tiene la capacidad de resignificarlo todo, resignificar el dolor en testimonio, la enfermedad en milagro, hasta la muerte en resurrección.

Entonces pensé: ¿Por qué no seguir el ejemplo de Jesús? Mi pasado duele, lastimé a personas y me lastimaron, me equivoqué, fallé, decepcioné y me decepcionaron… sí, es cierto todo eso. Pero también es cierto que de todo eso aprendí. Hoy, con «el diario del lunes» veo cosas que en ese momento no veía, y empecé a resignificar algunas situaciones que venía esquivando.

Busqué en redes sociales a personas que había lastimado y me disculpé. Sin muchas explicaciones, ambos sabíamos de qué hablaba, tampoco hacía falta volver a recordar punto por punto…pero sí pedir perdón. Yo necesitaba hacerlo. Había estado mal y era lo menos que podía hacer. También me tocó perdonar a algunas personas que me pidieron perdón (y me la hicieron pasar mal en su momento), y también perdoné a algunas que nunca me pidieron perdón (de hecho, ni siquiera sé que es de sus vidas) pero que simplemente necesitaba perdonarlas para seguir con mi vida y que los recuerdos no me angustiaran.

Resignifiqué mis equivocaciones en testimonio, mis malas elecciones en consejos para los demás. Dios permite muchas cosas de nuestras vidas para que podamos aprender. Ningún proceso es en vano. A veces nos buscamos solos los problemas, pero aun en esos casos de rebeldía, Dios nos ayuda a salir adelante y resignificar todo ese dolor que causamos en oportunidad para bendecir a otros.

Es un proceso. Resignificar no significa que no necesité ir a profesionales, que no necesité llorar, que no necesité orar y hasta dudar si pedir perdón (no es algo que nos guste demasiado) pero vale la pena. Y sí, hay cosas que todavía cuestan, situaciones y personas del pasado que siguen viniendo a mi cabeza y hasta me las cruzo personalmente… no nos olvidemos que el diablo conoce nuestro pasado y claro que nos lo va a «refregar en la cara», pero no le demos el gusto de amargarnos. No le demos ese poder. Dios nos hace nuevas personas, nos alienta y nos da nuevas oportunidades todo el tiempo de resignificar esos errores y esas situaciones en bendición para los demás.

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