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Encontrando el camino de regreso

Hace unos días, fuimos a la casa de un familiar que queda a unos 50 minutos de nuestra casa. Cuando vamos para esa zona siempre nos preguntamos «¿qué camino tomamos?» ya que se puede ir y volver por diversas rutas. Todos esos caminos tienen sus pro y sus contras. Sabemos que si es fin de semana la autopista estará cargada de autos, así que tardaremos mucho más; también tenemos en cuenta que si vamos por las calles de adentro hay muchos semáforos que también harán lento el viaje; y si vamos por la «opción C», hay peajes y eso encarecería el viaje. En síntesis, el camino que tomemos dependerá de muchas cosas, desde tiempo hasta economía.

Cuando volvíamos del encuentro familiar, decidimos volver por las calles de adentro. El camino iba a ser extenso por los semáforos, pero era un fin de semana largo y las autopistas estaban literalmente paradas por tantos autos. Hacía mucho tiempo no tomábamos ese camino, pero mientras viajábamos noté algo que me llamó particularmente la atención: ¡no habíamos olvidado ese camino!

Nos dimos cuenta que muchas cosas habían cambiado, por ejemplo: el sentido de las calles (una calle por la que debíamos volver había cambiado de sentido, así que tuvimos que dar algunas vueltas de más). Nuestra memoria visual nos abandonó cuando empezamos a buscar negocios y lugares que ya no estaban. Pero más allá de todas esas cosas que nos ayudaban a guiarnos y que no existían, sabíamos cómo volver. Y no, no pusimos el GPS ni mapas.

Cuando logramos salir al camino ya conocido, casi llegando a nuestra casa, pensé lo siguiente: Todos estamos en un camino, a veces por elección propia y a veces no. Pero, ¿qué pasa con nuestro camino al Señor? ¿Qué hacemos cuándo queremos volver y no nos acordamos tanto como hacerlo? ¿Qué hacemos cuando nuestra mente nos juega una mala pasada y pensamos que el camino de vuelta iba a ser diferente? A veces, lo que antes estaba, ya no está. O, al contrario, nos encontramos con un montón de cosas que antes no estaban pero que ahora sí, y hay que dar más vueltas de lo pensado.

En ocasiones, nos alejamos tanto que nos olvidamos que podemos volver a Dios, que es una opción, y que es posible. Dios está en todos lados y se muestra de muchas formas, pero hoy puedes volver hacia Él. No importa si ya no recuerdas bien como acercarte, si con el tiempo una calle cambió de sentido o de nombre, siempre encontrarás la forma de volver. Porque, en verdad, Dios siempre encuentra la forma de hacerte volver. Claro que tú debes querer, Dios no obliga nadie.

No sé en qué momento de tu vida te encuentres, no sé qué camino estés transitando, si sea más largo o más corto, si estás estancado en el tránsito y solo debes esperar o quizás todavía no decides por dónde ir; solo quiero decirte una cosa: El camino de vuelta a Dios está disponible todos los días, las 24 horas, los 365 días del año. Te puedo asegurar dos cosas: viajas al mejor destino que puede existir, y con muy poco tránsito.

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