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Entre números y letras: la belleza de los opuestos

Tengo algo que confesar: quienes me conocen, saben muy bien que los números no son lo mío. Todo lo que tenga que ver con cuentas, números, matemáticas y operaciones no me gusta, no me sale, no es lo mío. A mí me gustan las letras, escribir, redactar, hacer justamente esto que estoy haciendo ahora.

Muy por el contrario, mi esposo es contador, ama los números, hace cuentas mentales sin necesidad de usar los dedos de las manos para sumar (cosa que a mis 34 años sigo haciendo). ¡A él le encantan las matemáticas! ¿Podría haber elegido a alguien tan diferente a mí? Y no solo en esto, sino en casi todas las cosas de la vida somos muy diferentes, pensamos muy diferente, resolvemos muy diferente y, claro, eso nos trae algunos problemas, pero de algo estamos seguros: nos complementamos. Somos como «el agua y el aceite» de diferentes, pero nosotros sí nos mezclamos y necesitamos hacerlo.

Hay una frase que siempre da vueltas en mi cabeza que dice algo así como: «Cuando tu mundo se desmorone, ven al mío». Es una frase que se usa frecuentemente cuando alguien está pasando un mal momento, un proceso y siente que su mundo o su vida se cae, y ahí está el otro, el amigo, el hermano, la pareja, etc., para compartir su mundo con esa persona. Básicamente, es estar disponible para el otro, aunque sean muy diferentes o estén en momentos muy diferentes.

Mi mundo de letras suele desmoronarse, suele necesitar ir al mundo de números, suele tener que pensar más fría y objetivamente. Y el mundo de mi esposo suele desmoronarse también, a veces los números no dan, a veces en la vida no se puede ser solo calculador y estructurado. Y ahí está el mundo del otro, para juntos hacer una ecuación hermosa de números y letras conviviendo.

Entre mundos totalmente diferentes quiero contarte que en la familia de Dios siempre vas a encontrar personas que te inviten a su mundo cuando el tuyo se desmorone, aunque sean mundos muy diferentes. Puedo asegurarte que en esos mundos se aprende mucho aunque sean muy diferentes al propio, y te ayudan a ver cosas que, quizás, en nuestra «zona de confort» no vemos y ni siquiera pensamos.

Te invito a ser parte de esta familia, de buscar de esas personas y de ser una de ellas, un «otro» diferente pero hospedador, cuando un hermano pase por algún proceso/necesidad, brindarle nuestro mundo de esperanza y amor, aunque sea muy diferente al de él.

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