Para los que no han visto la película de Ralph, El Demoledor, los invito a hacerlo, ya que es un lindo reencuentro con los clásicos juegos de arcade y, además, con una trama muy entretenida y que deja buenas enseñanzas.
En esta oportunidad, quiero hacer referencia a una parte específica de la película, donde la niña Vanellope (que posee una falla) está totalmente entusiasmada de participar de la carrera que siempre le había estado prohibida. Su amigo Ralph la había ayudado a aprender a manejar y mejorar técnicas para asegurar su victoria. La amistad venía muy bien y todo parecía que iba a funcionar según lo planeado, hasta que el Rey Candy visita inesperadamente a Ralph para avisarle que, si Vanellope ganaba, quedaría como opción de personaje principal y los niños tenían la posibilidad de elegirla. Si ella fallaba a mitad del juego, el jugador iba a encontrar eso «anormal» y desgraciadamente al notificarlo iban a dar de baja el programa, perdiendo así a todos los personajes y, con eso, también al mundo de Sugar Rush. ¿El panorama era extremista? Sí, pero ¿Era verdad lo que el Rey estaba diciendo? Desgraciadamente, sí.


Bien, ya hice demasiado hincapié en la película, pero ¿qué tiene que ver esto con la vida cristiana? A veces, en momentos de nuestra vida tenemos panoramas que nos hacen decir: «Ya no puedo más», «no puede ser posible, no tengo los recursos» o «no veo cómo esto puede mejorar». Y la más mencionada por cristianos (o la que más escuché) es: «Dios me dijo que tenía tal propósito para mí, pero no tengo nada para llevarlo a cabo, ¿cómo lo voy a hacer?»
Ahora, esos panoramas ¿son reales o son una vana interpretación del inconsciente? En ciertas ocasiones, por acostumbrarnos a no estar satisfechos con nada o dedicarnos a la queja, vemos «el vaso medio vacío», pero en otras suele ser real que estamos sin nada. Si ves tu bolsillo y está vacío, no es porque tu mente lo imagina, es porque en realidad no hay nada más que una pizca de polvo. Cuando tienes que afrontar un cargo de liderazgo en un grupo y tu psiquis no da más de cansancio, o sientes que no estás preparado para aquello, a veces no es porque no tenemos ganas de tener una responsabilidad más, si no porque el estrés llega a un punto donde nos afecta a un nivel angustiante mental y físico.
A veces, ni siquiera es algo propio, sino también es el sistema el que está constantemente bombardeándonos con «verdades» visibles. Que la economía está cada vez peor, la comida escasea y la violencia aumenta. Ahora, ¿son mentiras? No, son la pura y cruel realidad del mundo de hoy. Entonces, ¿cuál es el mejor ejemplo que puedo dar como respuesta a esta problemática tan presente en los cristianos?


— ¿Cuántos panes tienen ustedes? —preguntó—. Vayan a ver. Después de averiguarlo, le dijeron: —Cinco, y dos pescados. Entonces les mandó que hicieran que la gente se sentara por grupos sobre la hierba verde. Así que ellos se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente. También repartió los dos pescados entre todos. Y los discípulos recogieron doce canastas llenas de pedazos de pan y de pescado. Los que comieron fueron cinco mil.»
¿Cuál era la realidad aquí? Alimentar a 5.000 personas con poca comida. Más allá de que fue una cuestión de fe, Jesús ya había hecho milagros anteriormente. Entonces ¿Por qué los discípulos sabiendo que lo que hacía Jesús era algo sobrenatural dudaron igual? La respuesta es simple: Porque vieron la situación con ojos naturales.
Al charlar con personas, muchas veces me sorprendo de cómo algunas que han visto la mano de Dios obrar tan fuertemente, me digan: «Sí, está todo bien con Dios, pero hay que mirar la realidad». También, en otras oportunidades aparece la otra frase de: «Dios quiere que haga tal cosa pero, ¿cómo la voy a hacer si soy un desastre? Todo lo que hago lo arruino, tengo mal carácter y siempre fracasé».
Te voy a decir algo que aprendí a la fuerza: Dios nunca se equivoca, ni de llamado, ni de persona. ¿Qué realidad estás viendo? ¿Qué verdad vas a seguir? ¿La verdad que nos muestra el mundo o la verdad de Cristo? No veas las cosas como el Rey Candy, sino como Dios las ve. Es tiempo de una fe que rompa hasta la barrera de nuestra propia voluntad y nuestra autoestima. Tal vez, nos resistamos a cambiar de pensamiento o nos sea difícil dejar de ser fatalistas, pero debemos incorporar el hábito de mirar a Dios y no a la realidad que nos rodea. Es tiempo de una fe mayor.


Redacción en Reactivoz | Estudiante de medicina | Fan de Marvel.


















