A las personas ansiosas como yo, la recomendación de reposo absoluto es impensada. Ya me da ansiedad de solo pensarlo. ¿Cómo me voy a quedar acostada sin hacer nada? ¡Hay tanto para hacer! En la casa, en el trabajo, con los niños, en la iglesia… Las actividades no se detienen, aunque yo deba hacerlo.
Algo que nunca conté públicamente es, que efectivamente, luego de una ligera pérdida en el primer trimestre de mi embarazo, el médico me recomendó reposo absoluto por algunos días. Volví a casa angustiada y el término «reposo» o «descanso» se hizo un mundo en mi cabeza. Debía reorganizar mi trabajo y las actividades de la iglesia para ausentarme algunos días, y la dinámica familiar iba a cambiar.
Lo cierto es que hoy agradezco enormemente ese reposo absoluto. Claro que, con el «diario del lunes», es más fácil mirar para atrás y entender por qué o para que sucedieron las cosas.
Algo parecido sucedió con la pandemia, los meses de cuarentena nos obligaron a «descansar» o «reposar» casi obligatoriamente. No se podía salir, no podíamos ir a trabajar (o debíamos hacerlo desde casa). De repente, teníamos mucho tiempo, y no sé a ustedes, pero a mí ese tiempo me terminó ayudando en muchos aspectos.
Nos han enseñado que el descanso se gana, que debes merecerlo. Entonces trabajamos y trabajamos, y esperamos ansiosos los fines de semana para colapsar de más actividades y volver a comenzar el lunes. Tristemente, nos acostumbramos a estar cansados todo el tiempo. Pero Dios no lo diseñó así.
Dios descansó. ¿Dios necesita descansar? No creo, pero nos dejó la enseñanza del descanso, del reposo, justamente para que meditemos en ella y la apliquemos. El sexto día de la creación –que se detalla en Génesis– Dios creó al hombre, y al séptimo día, descansó. O sea que, el primer día de Adán en la tierra ¿Qué hizo? Nada. Descansó, reposo absoluto. Solo estuvo en comunión con Dios.
Gracias a mi madre, leí un devocional donde habla del «jetlag espiritual». Dios está en una zona horaria (sin tiempos, sin apuros, sin preocupaciones), pero nosotros insistimos en estar en otra zona horaria. El Reino de Dios tiene temporadas y tiempos, pero muchas personas insisten en que el Reino de Dios obedezca a nuestros tiempos cuando debería ser al revés. Aprendamos a descansar en los tiempos de Dios; él está en control de todo.
Los descansos y los tiempos de reposo suelen ser los silencios previos a la victoria, son necesarios. En esos momentos, Dios nos está preparando porque sabe que lo que viene por delante necesitará mucho de nosotros. Los silencios son tiempos especiales en donde podemos volver a enfocar nuestros pensamientos en su verdad y meditar en su Palabra. Si algo no está sucediendo es porque aún no es tiempo. Créele a Dios en el QUÉ quiere para ti, pero también en el CUÁNDO lo quiere.
No te olvides de tener prioridades en ese momento de reposo o descanso: pon a Jesús en primer lugar y te ayudará a estar en comunión y conocer Su voluntad para tu vida.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















