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La batalla final: La mente vs. el corazón

Seguramente te suenan las frases: «Haz lo que tu corazón te diga», «sigue a tu corazón», «guíate por tus sentimientos» o «no puedo ir contra de lo que siento». Hay tantas expresiones que hablan del corazón y de los sentimientos, sobre todo cuando lo llevamos al campo del amor o el de los deseos.

En muchos dibujos animados de la TV aparece la típica escena de «el ángel vs. el diablo», y debo reconocer que muchas veces me pasó de no saber a quién seguir. «¿Sigo lo que me dice la lógica, mi cabeza y mis pensamientos o sigo a mi corazón y mis sentimientos?» La disputa entre el corazón y la mente existe. Sé que algo está mal, pero me gusta, sé que algo no me conviene, pero se ve muy tentador… y en ese momento, ¿A quién le hago caso? ¿Al corazón o a la mente? En este artículo hablaremos de los casos en que los sentimientos van en contra de lo que Dios nos aconseja en Su palabra.

Elecciones

No siempre las elecciones son tan drásticas, la idea del «angelito y el diablito» sería lo que está mal y lo que está bien y no siempre es tan extremo, pero en ocasiones necesitamos tomar una decisión, tenemos que elegir y ahí es donde comienza la batalla entre lo que sabemos que DEBERÍAMOS hacer y lo que nos GUSTARÍA hacer. Si ambas cosas coinciden, la decisión está clara, pero ¿qué pasa cuando el corazón y la mente comienzan a tirar de la soga cada uno para su lado? ¿Quién gana?

Cuando decimos que Dios debe ser nuestra prioridad y que debemos muchas veces «negarnos a nosotros mismos» puede aplicar perfectamente a estas situaciones. Dios sabía en los líos que nos íbamos a meter y en nuestra humanidad nos iban a gustar. Porque a decir verdad, a veces, lo hacemos por gusto, claro que no lo pensamos muy bien antes o simplemente no pensamos en las consecuencias que esas decisiones traerán, pero ahí vamos… metemos la pata.

«Dios, guíame»

No siempre tenemos el tiempo de sentarnos y evaluar las consecuencias de nuestras decisiones, hay elecciones que hay que hacer rápido, en el momento, pero siempre tenemos dos segundos para pedirle a Dios que nos guíe y, si tenemos sentimientos encontrados, que nos ayude a poner Su sabiduría y Su voluntad por sobre la nuestra. Tenemos que querer hacerlo. Nuestras decisiones de vida son el resultado de nuestra vida en comunión e intimidad con Dios. Cuando sabes qué dice Dios en Su palabra, muchas decisiones se vuelven fáciles de tomar.

Si te preocupa el qué dirán los demás de tus elecciones, piensa también que dirá Dios. Después de todo, al único que tenemos que agradar es a Él. La Biblia dice que el corazón es engañoso y que «no tiene remedio» (Jeremías 17:9), es por eso que es importante no regirse por él. Los sentimientos son pasajeros, lo que hoy sientas quizás mañana no lo sientas más o cambie a otro sentimiento. Pero las decisiones que tomes basadas en ese sentimiento que quizás ya no está, tiene sus consecuencias.

Basa tus decisiones en convicciones con seguridad. Las decisiones por convicción tienen consecuencias eternas.

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