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La compasión: Un estilo de vida marcado a fuego por Jesús

Empatía, es una palabra muy utilizada en estos tiempos y significa identificarse con las necesidades de otros. Pero La Biblia no nos dice que debemos tener simplemente empatía, sino que debemos ser compasivos con los demás, que es algo totalmente diferente. «Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros […]» (Efesios 4:32, NVI).

Tener compasión no solo es percibir el dolor del otro o ser capaces de identificar sus necesidades, sino también es hacer algo con ello. No ser indiferentes. Si Dios nos permite identificar las necesidades emocionales, físicas o materiales de los que están a nuestro alrededor, es para que hagamos algo.

Si debiéramos buscar un referente y un modelo a seguir para vivir nuestra vida al máximo es Jesús. Él se interesaba por los demás, estaba en su naturaleza el dar, el ser generoso y misericordioso.

Jesús caminó en compasión: «Cuando vio a las multitudes, les tuvo compasión, porque estaban confundidas y desamparadas, como ovejas sin pastor» (Mateo 9:36, NTV).

Donde vio una necesidad física, trajo salud. Donde vio una necesidad emocional, trajo libertad. Donde vio una necesidad material, trajo provisión. Nosotros tenemos la responsabilidad de darle continuidad a sus obras. Y no debemos temer llevar adelante esta tarea porque la Palabra de Dios dice que estamos destinados a hacer obras aún mayores. «Les digo la verdad, todo el que crea en mí hará las mismas obras que yo he hecho y aún mayores, porque voy a estar con el Padre» (Juan 14:12, NTV).

Muchas veces nos enredamos en pensar cuál es nuestro propósito en la vida, seguramente Dios nos irá revelando el camino, pero qué tal si empezamos por hacer las obras que Él nos ha encomendado como una misión en esta tierra.

Para actuar en compasión no es indispensable ir a lugares remotos, sino que simplemente debemos sacar la mirada de nosotros mismos y de nuestras necesidades, y ser capaces de mirar a nuestro alrededor, aprender a ver más allá de lo que se ve a simple vista. Identificar y accionar.

No seamos ajenos, tenemos lo que este mundo necesita. Jesús tuvo compasión y dio su vida por la humanidad. Pidámosle al Señor que despierte la compasión en nuestro interior para actuar en amor y misericordia. No normalicemos las necesidades. No sigamos de largo o pensemos que otro quizás lo puede hacer por nosotros. Si estamos notando una necesidad, es porque Dios espera que hagamos algo con eso.

Debemos tener en mente que todo lo que hagamos por otros, eso también recibiremos. La Biblia lo llama la ley de la siembra y la cosecha (Gálatas 6:7). Si sembramos amor, recibiremos amor. Si damos compasión, recibiremos compasión.

Somos la solución para alguien. Lo que Dios depositó en nosotros es parte de un propósito. El Espíritu Santo nos llevará a la necesidad, despertará en nuestro interior una urgencia por hacer algo, involucrémonos, demos de lo que nos ha sido dado. Podemos hacerlo. Jesús estaba donde había necesidades. Estemos donde nos necesiten.

Autora: Ruth Castro

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