Manny, Diego y Sid. Shrek, Burro, el Gato y Fiona. Alex, Marty, Gloria y Melman. Frodo y la comunidad del anillo. Harry Potter, Ronald y Hermione. Algunos de estos personajes son animados y otros están basados en libros, pero todos ellos tienen algo en común: pertenecen a un grupo, a una comunidad, a una manada.
En la película La Era del Hielo, la manada termina siendo conformada por un mamut, un tigre y un perezoso. Todos muy diferentes. En Shrek, un ogro, un burro, un gato y una princesa que en realidad también es un ogro. En Madagascar vemos las aventuras de un grupo amigos de un zoológico: un león, una cebra, un hipopótamo y una jirafa. En las películas de El Señor de los Anillos y Harry Potter, los protagonistas son humanos (en gran parte), que tienen un mismo objetivo (intento no spoilear nada de la trama, por las dudas).
Con todo esto, quiero que pensemos juntos en nuestra propia manada, en nuestro grupo de amigos, de familiares, en la gente que nos rodea. ¿Quiénes están conformando tu comunidad del anillo o tu manada?
En La Era del Hielo, la manada se arma cuando Manfred, el mamut, decide arriesgar su vida para salvar a Diego, el tigre. A su vez, Sid, el perezoso, resuelve hacerse cargo del «bodoque humano» y Diego se atreve a traicionar a la banda de tigres –su manada «natural»– para proteger a los suyos: Manfred, Sid y el bodoque. «Es la ley de la manada: nos cuidamos entre todos», concluye el mamut en una de las mejores escenas.
Necesitamos un grupo al que pertenecer, solos no podemos. Tenemos que armar un grupo o ser parte de una comunidad (iglesia, grupo de jóvenes, amigos, compañeros, etc.). Sé que muchas veces bajo esta teoría nos hemos llevado decepciones o han traicionado, y no fue lo que esperábamos… pero si lo pensamos para nuestra vida espiritual, hasta el mismo Jesús precisó rodearse de amigos. Jesús necesitó discípulos, un entorno, personas que estén cuando más los necesitaba, que oren con él (aunque se quedaran dormidos), que lo ayuden a llevar sus cargas y tristezas, que vayan por el mundo y cuenten lo que vieron y de lo que fueron testigos.
No podemos hacer todo por nuestro cuenta, tampoco tenemos que hacerlo. ¡Claro que a veces es más práctico! Estar solos nos garantiza que nadie nos hiera, que no nos decepcionen, que no nos cuestionen y nadie nos contradiga, pero mira lo que dice Proverbios 27:17: «El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre». ¡Nos necesitamos! Tus experiencias, tus consejos y tus vivencias son valiosas; solo con estar presente y escuchar puedes ayudar a otros en gran manera . Y cuántas veces lo necesitamos nosotros también.
Pídele a Dios sabiduría para elegir tu manada. Personas especiales que te ayuden a llegar a tus objetivos, que oren por y contigo, que te alienten, que se queden junto a ti cuando las cosas se ponen difíciles y que se alegren en tus alegrías. Pídele a Dios ser como uno de ellos, también.
No te puedo garantizar que nadie te vaya a fallar, todavía seguimos siendo humanos, pero si tenemos a Jesús como modelo y referente, todo marchará muy bien.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















