La meta de nuestra vida debe ser volvernos cada día más sabios, no solo para resolver asuntos en la tierra, sino también para llevar a cabo los planes y los sueños de Dios.
La vida de Salomón es el mejor ejemplo de sabiduría que encontramos en la Biblia, él reconocía que no iba a poder llevar adelante el gobierno de un pueblo tan grande sin la ayuda de Dios. Desde una posición de humildad reconoce que necesita algo más valioso e importante para reinar con integridad y equidad. Por eso, en lugar de riquezas, fama o la vida de sus enemigos, pide algo que fue de gran agrado ante la mirada de Dios, sabiduría.
«Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto […]» (1° Reyes 3:7-10, RVR1960).
Dios le dio a Salomón la mente más sabia y entendida de todos los tiempos. Si bien, fue el hombre más sabio y rico que vivió en esta tierra, no fue perfecto, tuvo grandes fracasos que muchas veces le sirvieron para obtener de ellos más sabiduría. Pero él amaba, buscaba y perseguía la sabiduría.
La Palabra de Dios es la fuente inagotable de sabiduría. Ella nos ayuda a ver la vida como Dios la ve y nos provee el camino y la solución para todas las circunstancias. Debemos pedirle al Señor sabiduría para discernir el tiempo que nos esté tocando vivir. Tiempos buenos y tiempos malos nos llegarán a todos, pero lo que siempre hará la diferencia es la sabiduría que apliquemos en esos momentos.
«Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia» (Proverbios 4:7, RVR1960).
La sabiduría es la llave para una vida extraordinaria. Buscar primero la sabiduría, dedicarle tiempo a Dios y a Su palabra aumentará nuestro conocimiento, nos traerá favor, nos abrirá puertas llenas de bendiciones. La sabiduría de Dios nos muestra la salida, nos guía por el camino, nos ayuda a hacer elecciones correctas, a discernir lo que está bien y lo que está mal, nos hace significativamente diferente a los demás. Nos impulsa a no darnos por vencidos, a creer, a confiar, a ser pacientes y a traer buenos frutos. En Cristo están escondidos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento.
« […] en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Colosenses 2:3, RVR1960).
Una persona sabia no tiene nada que ver a ser inteligente, sino que es aquella persona que puede identificar el camino correcto y es capaz de seguir las instrucciones del Señor. Sabe escuchar. Toma el consejo. Es madura para hacer cambios. Atesora, cree y guarda la Palabra de Dios.
«El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza» (Proverbios 1:7, RVR1960).
Un necio no busca ni escucha el consejo. Puede ser una persona inteligente, pero totalmente cerrada a los consejos de Dios. Cree que lo que hace está bien. Insiste una y otra vez con los mismos errores. Siempre tiene los mismos resultados y no está dispuesto a hacer cambios.
La sabiduría divina y celestial nada tiene que ver con la sabiduría humana y sus resultados (Santiago 3:13-18). Para vivir la vida a la manera de Dios necesitamos: discernimiento, entendimiento, conocimiento y sabiduría de lo alto, y esto solo proviene del Señor.
Autora: Ruth Castro
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