El pueblo de Israel se encontraba rodeado por Babilonia, y el profeta Jeremías, desde la cárcel, en medio de su aflicción, supo buscar el rostro de Dios. El Señor respondió a esa búsqueda y trajo consuelo, palabras de ánimo y esperanza ante un futuro incierto (Jeremías 33:1-2).
«Llámame a mí, que yo te responderé. Te contaré secretos grandiosos e inimaginables que tú no conoces» (Jeremías 33:3, PDT).
Detrás de nuestra búsqueda, siempre habrá una respuesta. Hay alguien que escucha, no es una persona que solo desea brindarnos un buen consejo, sino que es la persona de Jesucristo. El único que posee un Nombre, sobre todo nombre. El Creador. El Rey. Nuestro Padre. Grande en poder y autoridad. El que siempre está a la espera de ser encontrado.
Este versículo nos muestra que nuestro Dios no solo desea responder a nuestro clamor, sino que está dispuesto a contarnos misterios. En otras versiones dice: «compartirnos sus secretos», ¿a quién?, a sus íntimos, a ninguna persona se le ocurre revelar intimidades a un desconocido. Para compartir algo íntimo o personal debe haber confianza. El Señor tiene reservado para los que le buscan secretos que antes eran inaccesibles.
Busquemos ser del círculo íntimo de Dios. Ser de los que todos los días se esfuerzan disponiendo de su voluntad y de su tiempo a crecer en conocimiento, fe y revelación; orando, leyendo la Palabra y confesando cada promesa pensada y escrita para nosotros en las Escrituras. Sí, Dios nos oye. Sí, desea darse a conocer. Sí, tiene planes maravillosos para los que le creen. No está mal invocarlo cuando los problemas nos asedian, todos pasamos por momentos donde nos sentimos rodeados por el enemigo, pero debemos saber que Dios no solo quiere traer refrigerio en medio de nuestras aflicciones, sino también que seamos conscientes de que estamos invitados a vivir en una continua comunión con Él. Su presencia nos acompaña todos los días. Él es un padre que ama y espera por sus hijos.
Dios nos dice: clama a mí, recurre a mí, pídeme a mí, búscame a mí, llámame a mí, TODOS los días de la vida.
Nosotros creemos que debemos esperar por Él, cuando en realidad Él está esperando por nosotros.
Autora: Ruth Castro
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