Si tú que estás del otro lado, trabajas con un grupo humano, ya sean jefes, compañeros, clientes o pacientes, sabes perfectamente que no es fácil. Las relaciones humanas son complejas, porque cada uno de nosotros es un ser complejo lleno de sentimientos, emociones, carácter, miedos, orgullo, inseguridades, etc.
Estoy segura que sabes de lo que hablo. Podemos —y creo que es necesario— tener diferencias con quienes nos rodean, ya que las diferencias nos enriquecen. Pero, ¿qué sucede cuando somos tan diferentes dentro de la iglesia? Me he cansado de leer reflexiones y escuchar prédicas acerca de amar al prójimo y escuchar testimonios de personas que se apartaron de la iglesia, incluso de Dios, por diferencias con hermanos.
Antes de continuar, me gustaría aclarar que cuando una congregación profesa algo que no es bíblico, es lógico, recomendable y hasta saludable dejar de ir. Pero quiero que pensemos juntos en lo siguiente: Si en un grupo de trabajo, en un equipo de fútbol, en una clase de universidad y hasta en las familias es difícil consensuar, ¿por qué no lo sería en una congregación?
En la iglesia tenemos un plus: nos une Dios a través de Su amor y Su Espíritu Santo. Entonces, aunque sea difícil y en muchos casos incompatible, lo que debe primar es el respeto y el amor a Dios para con el otro.
¿El prójimo es difícil? Claro que sí. Exactamente igual para con nosotros. La Biblia dice que el mundo nos reconocerá por el amor que nos tenemos entre nosotros. Eso quiere decir que tenemos que amarnos… y no, no es fácil. Pero no somos quienes para juzgar cuan cristiano es el otro o cuantos pecados tiene uno o el otro. Todos somos diferentes, todos pecamos, pero no dejamos de ser hijos de Dios.
No te rindas si tu grupo o algún miembro de la iglesia es difícil. Dios los usa también para moldearnos. El amor se trabaja. La paciencia también. No te des por vencido, así como Dios no se da por vencido con nosotros todos los días.
Puedes no estar de acuerdo con lo que hace o dice, pero el respeto en amor debe estar siempre presente. Esa será nuestra distinción como cristianos.
Te cuento algo me propuse hacer durante este año: Cada vez que pasa algo con algún prójimo al que quiero básicamente dejar de ver o dejarle de hablar, hago todo lo contrario. Por ejemplo, si una persona me habla de mala manera, o no estoy de acuerdo con su forma de trabajo, o tenemos alguna diferencia, intento demostrarle amor enviándole un mensajito, oro por esa persona, le envío un versículo, hago algo para contrarrestar ese sentimiento. Claro que si estoy enojada o dolida, tengo que esperar calmarme, je.
Deseo de todo corazón que podamos combatir las ofensas, las diferencias que no son constructivas o las críticas, con amor así como lo hizo y hace Dios con nosotros todo el tiempo.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















