¿Alguna vez te decepcionaste de alguien o algo? ¿Creíste qué esa película estaba buenísima y resulto ser demasiado aburrida, sin trama o con un final muy malo? ¿De algún trabajo donde quisiste mucho estar y cuando, por fin entras, no era lo que esperabas? ¿De carreras universitarias y profesiones? ¿Y qué hay de la gente? Estoy segura que alguna vez pusiste tus fichas en personas que terminaron decepcionándote o no siendo lo que pensabas que eran.
Me suele pasar con personas, sobre todo porque soy de las que piensan, ingenuamente, que todos son buenos o que harían lo mismo que yo, y espero cosas que nunca suceden. Es más, muchas veces pienso que es lo «obvio» y claramente, no es así.
Hace muy poco, entendí que Dios nos hizo muy diferentes a todos, claro que podemos coincidir en algunas cosas, pero la realidad es que cada uno es particular; piensa diferente, tiene su propia historia, sus gustos, su personalidad y el conjunto de todas esas cosas son el resultado de sus acciones. Nadie tiene mi historia, ni mis gustos, ni mi personalidad, ni mis pensamientos, ni mis convicciones, ni nada exactamente igual. Entonces, ¿por qué actuarían como yo? Sería muy aburrido, seriamos como robots.
¿Por qué creemos que nuestra verdad es absoluta? Si el otro no está de acuerdo, nos decepcionamos. Si el otro hace algo que nosotros nunca haríamos, ¡pensamos que está equivocado! A veces puede estarlo, y a veces no. Tenemos que tener la flexibilidad de escuchar, aceptar, entender y respetar al otro como es. Diferente o no a nosotros, es nuestro prójimo. Y… ¿te cuento algo? La frutilla del postre es que SIEMPRE nos vamos a decepcionar y SIEMPRE vamos a decepcionar a alguien. Hijos, esposos, amigos, compañeros, políticos, jefes, pastores, iglesias, etc. y etc.
Salmos 146: 3-7 dice: «No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos. Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios, el cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre, que hace justicia a los agraviados, que da pan a los hambrientos».
Hoy te invito a poner tu esperanza y todas tus expectativas en el único que nunca falla: DIOS. En Salmos 71:5 dice: «Porque Tú eres mi esperanza, Señor DIOS; seguridad mía desde mi juventud».
No está mal tener expectativas, esperar cosas de alguien, pero ten en cuenta que son humanos imperfectos, al igual que vos y yo, piensan diferente y actúan diferente, así que pueden no cumplir con esas expectativas. Lo importante es que lo que estemos haciendo sea conforme a lo que Dios quiere para nosotros, y si nos decepcionan o decepcionamos, miremos con ojos espirituales: todos estamos en construcción… para ser más como Jesús.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















