La idea del «fin del mundo» ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. Para unos, es sinónimo de esperanza, pero para otros, el solo pensarlo les genera una sensación de temor.
En este último tiempo, distintas figuras han intentado anticipar una fecha o un escenario posible. En 2014, por ejemplo, el científico Stephen Hawking advirtió en la BBC que una inteligencia artificial plenamente desarrollada podría derivar en la extinción de la especie humana. En la misma línea de preocupación global, el actor Leonardo DiCaprio ha reiterado en varias ocasiones la urgencia de enfrentar el cambio climático, que, según él, podría convertirse en una crisis mundial. Elon Musk, empresario tecnológico, ha ido más allá: sostiene que, para evitar la desaparición, la humanidad debe transformarse en una «especie multiplanetaria».
Más recientemente, en julio de este año, el surcoreano YoungHoon Kim —conocido como uno de los hombres más inteligentes del mundo por su alto coeficiente intelectual— afirmó en su cuenta de X que Jesucristo regresaría en esta generación. «No adivino. Calculo. Y digo con plena certeza: Jesucristo regresará en esta generación», declaró.
Aunque Jesús mismo señaló que nadie conoce el día ni la hora de su regreso (Mateo 24:36), surge la pregunta de si es posible conocer por lo menos un año aproximado. Para saberlo, es importante ir a la fuente más confiable de todas: la misma palabra de Dios.
Primero que todo, hay que tener presente que desde el principio de los tiempos Dios dejó establecido que sus lumbreras, es decir, el sol y la luna, servirían no solo para diferenciar el día de la noche, sino también como señales para distinguir los tiempos. En los últimos años, se han podido apreciar un importante número de eclipses siendo los más llamativos los ocurridos entre 2014 y 2015. En aquel periodo, el mundo presenció cuatro eclipses lunares totales, también conocidas como «lunas de sangre», las cuales coincidieron con dos de las fiestas más importantes en Israel, «La Pascua» y «La Fiesta de las Trompetas». Desde ese entonces, han habido alrededor de siete eclipses lunares totales, siendo el más reciente el del pasado 7 de septiembre.
Otro punto clave es Israel, que es considerado por muchos como «el reloj profético de Dios». Su restablecimiento como nación en 1948 es visto como el cumplimiento de la parábola de la higuera narrada en Mateo 24. En el propio capítulo se menciona que «no pasará esta generación» hasta que se cumplan los eventos anunciados allí. Bajo esta interpretación, y tomando como referencia los 80 años que la Biblia asigna a una generación (Salmo 90:10), los cálculos apuntan al año 2028 como un momento significativo en la historia de las profecías apocalípticas. Ahora, si vemos el panorama mundial, pareciera que Mateo 24 se estuviera cumpliendo frente a nuestros ojos, lo que hace que este planteamiento cobre más sentido.
Uno de los eventos que aceleró aún más el reloj profético ocurrió el 7 de octubre de 2023, cuando Israel vivió uno de los ataques más violentos de su historia reciente, cuando militantes de Hamás lanzaron una ofensiva sorpresa desde Gaza que dejó miles de muertos y heridos, generando una escalada bélica de enormes proporciones en la región. A raíz de los acontecimientos, Israel se ha propuesto desde entonces exterminar a todo lo que este relacionado con Hamás, y como en toda guerra, era de esperarse que los civiles quedarán en el medio, lo que ha hecho que Israel haya ganado un gran número de detractores. Sumado a esto, el asesinato del activista político Charlie Kirk el pasado 10 de Septiembre y el creciente estigma hacia los cristianos, ha hecho que muchos se pregunten si acaso la persecución a la iglesia de la cual también habla Mateo 24 ya comenzó. Aunque es difícil saberlo, lo que sí es claro es que cada vez más pareciera que estuviéramos cerca de un punto inflexión en la historia humana.
A la luz de los eventos proféticos, hay tres invitaciones que el mismo Jesús le hace a su iglesia en la extensa profecía. La primera es a no tener temor (Mateo 24:6), teniendo en cuenta que su palabra se tiene que cumplir. La segunda es sobre la importancia de estar despiertos espiritualmente (Mateo 24:42). Y, por último, a perseverar hasta el fin sin importar las circunstancias difíciles que podamos llegar a vivir (Mateo 24:13).
Así mismo, cabe resaltar que la Parábola de la Higuera fue solo uno de los muchos ejemplos asociados a la agricultura que Jesús usó para enseñar verdades eternas, lo que nos dice que así como un agricultor espera tener buenos frutos en su cosecha, Jesús espera encontrar una iglesia con frutos dignos de arrepentimiento, de carácter, y que haya llevado su mensaje de salvación hasta los fines de la tierra.
Fuente: Francisco Iván Torres


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