Quien me conoce sabe que me gustan las frases, de hecho, tengo un Instagram lleno de ellas. Cuando escucho o leo en algún lado una frase que me deja pensando, la escribo y medito bastante en ellas. Siento que a veces nos mareamos mucho para decir las cosas y dos o tres palabras unidas y bien pensadas pueden hacer mucho más que cualquier discurso. Obvio que ahora estoy sentada frente a una pantalla por escribir mucho más que frases, pero para llamar la atención de las personas, a veces, solo basta con pocas palabras y luego profundizar, si es que se da la oportunidad.
Hace algunos años, en un campamento de jóvenes, un predicador dijo la siguiente frase: «El verdadero éxito es hacer la voluntad de Dios»; y me quedé pensando en eso por mucho tiempo… incluso al día de hoy.
Entiendo que todos tenemos diferentes conceptos de lo que es el éxito, pero la realidad es que para la mayoría de las personas la palabra «éxito» se relaciona con tener dinero, un buen trabajo, buenos y sanos vínculos (familia, pareja, hijos, etc.). A todos nos gustaría que nos llamaran una «persona exitosa». Es una meta a la que muchos apuntamos, y eso está muy bien.
¿Será todo eso el éxito? Este predicador decía algo así como: «El éxito es estar donde Dios nos llamó y hacer lo que Dios nos dijo que hagamos». No habló de resultados, no prometió ni dinero, ni una bonita casa, ni salud, ni nada de eso. Solo dijo que el ÉXITO al final del día, al final de la vida, es saber que hiciste o intentaste con todas tus fuerzas, seguir la voluntad del Padre.
«Claro que no lo será para el mundo. Una simple ama de casa, ex docente que ahora se dedica a su familia, cuya rutina diaria consiste en lavar platos, limpiar, criar a un niño, llevarlo al jardín (kínder) y a las prácticas de fútbol, y coordinar tareas con el marido que trabajó todo el día, no es lo más exitoso a los ojos de quienes no conocen a Dios. Pasé mucho tiempo reflexionando sobre «mi nueva vida» hasta que descubrí que también hay propósito en barrer la casa, preparar comida calentita, servir a los demás y «ser solo una ama de casa, madre y esposa».
En el lugar donde Dios te ha puesto, ya sea temporal o permanentemente, es donde puedes ser exitoso y llevar Su mensaje a los demás. Aunque parezca paradójico, el éxito no es un ascenso si ese ascenso te hace perder de vista el verdadero propósito de Dios en ese lugar. Por supuesto, un ascenso es una victoria, y felicitaciones si has logrado escalar con esfuerzo y trabajo; eso también viene del Señor. Pero no olvides que, al final del día, la única palabra que realmente importa es la que Dios tiene para nosotros, no la de un jefe, un hijo o un marido.
Hacer nuestras tareas y responsabilidades como para el Señor y no para los hombres es un desafío enorme, pero creo que el verdadero éxito en la vida se trata de eso: agradar al Señor en todo lo que hacemos. Con actitudes de integridad, agradecimiento, honestidad, servicio y amor, aunque a veces nos cueste. Quizás te encuentres en un lugar que no te gusta o donde sientes que no puedes progresar, pero recuerda que estás ahí por una razón. Haz lo que el Señor te guía a hacer, y solo cuando sea necesario, vete. Pero no te vayas sin antes cumplir con lo que Él quiere que hagas.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















