Seguramente todos tenemos vergüenza de diferentes cosas. Hay vergüenzas que están bien y hay otras que no tanto.
En las cosas de arriba (del Cielo) y con lo que respecta a nuestra propia historia de vida, te animo a ser un sinvergüenza. Todos pasamos procesos y todos tuvimos errores. No hay ni uno solo a tu alrededor que pueda decir que su vida siempre fue impecable y siempre hizo las cosas bien. Sí, nos encantaría no tener algunas historias en nuestra vida; las vemos como manchas que no queremos recordar, pero están… y aun en esas historias Dios estuvo y está con nosotros. Ese es el testimonio que tienes que contar. No con vergüenza, sino con admiración plena al que te sacó de ahí.
Hay muchas personas a tu alrededor que tu testimonio le servirá. Superficialmente, vemos hermanos y hermanas en la iglesia, pastores o personas en las redes sociales y pensamos que tienen una vida perfecta, que no tienen luchas diarias o que todo en la vida les resulta fácil, pero estoy segura que no es así. Claro que cada uno muestra o cuenta hasta donde quiere.
Dios hace de esos recuerdos tristes una experiencia de vida para otros. Dios saca lo bueno de lo malo. Es experto en eso. Él pudo haber sacado a Pablo de la cárcel, en cambio dejó que Pablo fuera puesto en prisión, y como resultado, el carcelero se convirtió en creyente. Dios pudo haber evitado que Jesús fuera a la cruz, pero no lo hizo. Lo permitió y yo diría que algo bueno salió de eso, ¿no?
Las cosas que más deseas que fueran eliminadas de tu vida, suelen ser las mismas cosas que Dios usa para amoldarte a Su carácter y ayudar a quienes tienes a tu alrededor. Hay algo más importante que tu dolor, y es lo que estas aprendiendo o aprendiste de ese dolor.
El diablo quiere hacerte sentir vergüenza, indigno, que no mereces lo que tienes y que los demás te juzgarán. No sé en qué momento de tu vida te encuentres y cual haya sido tu pasado, pero es más importante que sepas que lo que Dios ha hecho y hace en nuestras vidas es mucho más poderoso que lo que el diablo quiera decirte o hacerte sentir. Si los demás te juzgan, no les des lugar.
Si tienes la oportunidad de ayudar a otros y ser de bendición con tu testimonio, hazlo. Somos una familia en Cristo y estoy segura que Papá se sentirá orgulloso al ver cómo resignificas tu historia para el bien de Sus hijos.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















