Si hay un «top 3» de excusas que más me dan bronca, esta es una: «Yo soy así, no puedo cambiar»; y también está «Ya soy demasiado grande para cambiar».
Es verdad que resulta muy difícil cambiar un hábito después de mucho tiempo. Lo sé. Y, mientras escribo, me hablo a mí misma porque esta es una excusa que todos usamos o que a muchos les sirve para seguir en una «zona de confort».
No hablo de adicciones ni hábitos, o conductas que hay que tratar con un especialista, ese es un abordaje mucho más complejo y muchas veces va más allá de nuestra propia voluntad. No estoy capacitada para escribir sobre eso. Claro que en esos casos es recomendable, aparte de trabajar lo espiritual, acudir a un profesional.
Me refiero particularmente a las actitudes o situaciones que muchas veces generamos o nos generan por «ser como soy», y no nos movemos de esa frase. Todos tienen que aceptarte cómo eres, y si no les gusta, que se alejen. Cambiar no es una opción.
¿De verdad? Creemos en un Dios que nos ha demostrado a lo largo de toda la Biblia, y de toda la existencia de la humanidad que tiene todo, absolutamente todo el poder para CAMBIAR, RENOVAR, HACER NUEVAS, RESTAURAR cualquier situación o persona. El ejemplo que pienso ahora es en Saulo de Tarso (quien luego sería Pablo).
Y acá es cuando nuestra excusa se derrumba por completo. Si Dios tiene el poder de hacerlo y nosotros creemos en eso, ¿por qué nos cuesta tanto? Yo creo que pasa por la voluntad o la decisión. Es difícil. Hay que querer cambiar. Hay que someterse a un proceso que llevará mucho tiempo. Los cambios no son de un día para el otro. Estamos en constante lucha con nosotros mismos por hacer lo que queremos o realmente hacer lo que Dios quiere que hagamos.
Las conductas pueden cambiar, en más o menos tiempo. Los pensamientos que nos llevan a esas conductas también. Pero debemos estar dispuestos a que sea Dios quien lo haga. Nosotros solos no podemos.
Llenarnos de Él, de lo que Él quiera implicará poner «manos a la obra». No solo esperar que Dios me «dé las ganas», sino estar, perseverar, leer Su Palabra, orar y someterse a lo que Él disponga para ejercitar esa parte de nosotros que nos cuesta cambiar. Sí, sí, prepárate… porque es una decisión de todos los días. Habrá días malos y días buenos, pero aun así debemos perseverar y estar disponibles para lograrlo. Y con el tiempo y la ayuda de Dios, estoy segura que podremos hacerlo.
«No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta.» – Romanos 12:2.
¡Hola! Soy Natalia Kaukian. Hija menor de un papá pastor y una mamá médica. Uno ayuda con las heridas físicas, el otro con las heridas espirituales. De ese combo nací yo, Nati de “@milla.extra”. Docente, casada con un músico, recientemente mamá y, por sobre todas las cosas, cristiana… cristiana por convicción.


















